Advierten que cemento nacional no garantiza seguridad para la reconstrucción post-sísmica
Ante el inicio de la etapa de reconstrucción tras los sismos del pasado 24 de junio, gremios del sector construcción han encendido las alarmas sobre la calidad de los materiales producidos actualmente en el país.…

Ante el inicio de la etapa de reconstrucción tras los sismos del pasado 24 de junio, gremios del sector construcción han encendido las alarmas sobre la calidad de los materiales producidos actualmente en el país. Orlando Chirinos, presidente de la Federación Única de los Trabajadores Cementeros de Venezuela, alertó que los insumos actuales no cumplen con los estándares necesarios para levantar edificaciones seguras.
Chirinos señaló que la industria está produciendo principalmente cemento tipo CPCA 1, un producto de adición diseñado para usos secundarios como pisos o frisos, pero totalmente inadecuado para estructuras de gran envergadura como edificios y viviendas.
«Es un cemento que no está apto para construcciones de viviendas o edificios. Exhortamos al Ejecutivo a tomar los correctivos necesarios para retomar la producción de cemento tipo 1, que es el estándar de calidad requerido para garantizar la seguridad ante futuros eventos sísmicos», enfatizó el dirigente gremial.
El informe gremial revela una crisis operativa profunda: la industria cementera nacional opera actualmente a menos del 10% de su capacidad instalada. Mientras que la capacidad técnica del sector supera las 9 millones de toneladas métricas anuales, la producción real es inferior al millón de toneladas.
La situación se refleja críticamente en estados como Lara, donde, según el dirigente, de los tres hornos disponibles, solo uno se mantiene operativo y con fallas intermitentes, lo que impide alcanzar los niveles de producción necesarios para atender la emergencia nacional.
Finalmente, Chirinos calificó como un «despropósito» el reciente decreto oficial que prohíbe la exportación de materiales de construcción. Según el vocero, la industria carece desde hace años de la capacidad operativa mínima para abastecer el mercado interno, por lo que una restricción de esta naturaleza carece de impacto real sobre una producción ya paralizada.
La preocupación central del sector es que la falta de materiales de calidad y la baja capacidad productiva pongan en riesgo los planes de vivienda para los damnificados, particularmente en regiones devastadas como La Guaira.
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